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De la Bioética a la Bioeducación y a la Biopedagogía

De la Bioética a la Bioeducación y a la Biopedagogía

Por: Jorge Arturo Pérez Pérez*

 

Resumen

La Bioética llama la atención no sólo como fuente de erudición sino ante todo actitudinalmente,  para asumir hábitos constructivos a favor de la interiorización crítica de todos los problemas que rodean al  LOGOS y al ETHOS BIOLÓGICO para superar los desafíos y amenazas que afectan nuestro destino humano, o mejor, nuestro destino común.

 

 

 

Para este propósito es necesario y urgente que la Bioética sea difundida ampliamente a todos los sectores de la comunidad internacional, continental, regional y local, como espacio generado de convocatoria, conciencia y acción constructivas.

 

El significado etimológico de BIO: es vida,  lo contrario a la vida es muerte; la muerte es estática.

La vida es crecimiento, desarrollo, aprendizaje, movimiento, sensaciones…

La vida tiene todo ser que crece y se reproduce; desde los organismos unicelulares hasta el ser humano con toda su complejidad armoniosa.

Cuando educación y la pedagogía hablan de la vida, se centran en la vida del ser humano,  y la consideran el eje o pilar del planeta Tierra.

El hombre es el único ser viviente capaz de planear y pensar en su futuro, es el único que tiene conciencia de su yo, por lo que se identifica cuando se ve frente al espejo.

El ser humano ama, razona, descubre, inventa…El ser humano es un artista.

Cuando la esencia de una persona se distorsiona, sus cualidades se distorsionan, creando una barrera que impide el fortalecimiento y desarrollo de su yo.

La educación y la pedagogía  que están a favor de la vida buscan que el individuo evite esa distorsión, para permitir que el ser fortalezca y desarrolle su yo (Fundación Bioser, 2007).

Trataremos de buscar la relación entre la Bioética, la Educación y la Pedagogía.

 

Palabras y expresiones claves

Bioética, Bioeducación, Biopedagogía.

 

Introducción

Con respecto a la Bioética, las preguntas centrales y básicas muestran su preocupación por la construcción de una auténtica cultura de la vida: ¿a qué idea de vida servimos?, ¿cómo afectan nuestras actividades científicas, técnicas, disciplinarias, profesionales, cotidianas...  la vida  y  las condiciones que la hacen posible (medioambiente)?, ¿de qué manera y con qué incidencia favorecemos o determinamos los procesos que hacen posible la vida, la vida saludable? Estas preguntas definen para la Bioética su horizonte interdisciplinario (Pérez, 2002).

El gran jefe Seattle afirmaba en su carta al presidente: ... “la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra... todo va unido”, todos debemos empeñarnos en desarrollar nuestras historias individuales y sociales dentro de una dinámica interactiva que articule y  establezca coherencia al interior de las relaciones hombre–naturaleza, en la perspectiva de la consolidación de una auténtica comunidad bioética. Es preciso inscribir el proyecto de vida personal a un proyecto de humanidad.

Es cierto que la preocupación por la vida ha sido constante, desde cuando el hombre (BIOS – PSIQUE) tuvo conciencia del destino de su condición vital. Esta condición vital y su sentido, como problemas, se han visto muchas veces disociados de la misma lógica natural de la vida como base normativa de la cultura.

En este sentido, ante la vida irrumpe culturalmente la condición transgresora del ser humano. Éste es un nuevo elemento para acceder, ya no sólo ontológica sino también axiológicamente a la pregunta por la vida, y  vivir la vida en la perspectiva de su destino y sentido futuros.

Es bien sabida la irracionalidad que a expensas de usufructos de bienestar o calidad de vida, desarrollo o riqueza, pueden conducirnos a matar la vida por la calidad de la misma.

Aquí es relevante la relación de la Bioética con la Educación y la Pedagogía, pues la Educación y la Pedagogía siempre han sido un extraordinario vehículo para la transmisión y recreación del legado cultural.

Desde este punto de vista es preciso desarrollar (a niveles pedagógicos y didácticos) métodos, modelos y estrategias docentes que hagan posible a la Bioética su objeto de convertirse en un crítico dominio colectivo.

De otro lado es indispensable la búsqueda y construcción de consensos en torno a los elementos de Educabilidad, enseñabilidad y aprendizaje de la Bioética en los diferentes niveles y etapas de formación humana (García, 2000).

Luego, la Educación, la Pedagogía y la Bioética con Calidad nos llevan a la identidad que nos recomienda Carl Framkestein en los siguientes términos: “es la permanencia esencial del YO, y el YO el centro de coordinación y síntesis de la conciencia”.

Finalmente,  esto nos lleva a pensar  que la Educación y la Pedagogía al tomar el discurso de la Bioética, nos conduce a crear dos nuevos términos la Bioeducación y la Biopedagogía.

 

 

 

¿Qué es la Bioeducación?

 

La Bioeducación considera entonces al ser humano como una creación asombrosa.

Lamentablemente el hombre afecta a su entorno negativamente, entonces desde que un bebé está en el vientre de su madre, recibe la influencia de un medio agresivo y  sin orden. A medida que el niño crece  va desaprendiendo quién es, para transformarse en un individuo que armonice con la sociedad. La sociedad no tiene armonía, por lo tanto el ser educado no debería armonizar con la sociedad, sino más bien, contribuir en transformarla positivamente, esto busca la BIOEDUCACIÓN (Fundación Bioser, 2007).

Sus Fundamentos son:

 

El ser, no el tener

La Bioeducación fomenta el ser, mediante:

 

●        Inculcar el ser conciente de sí,  como individuo y como ser fusionado en el ambiente.

●        Promover valores y virtudes que parten de la “ConcienciAcción”.

●        Asimilar el aprendizaje como medio para el crecimiento personal, progresivo y constante.

ConcienciAcción incluye: Estar conciente de uno mismo y de su entorno de manera objetiva. Transformar esta conciencia en acción positiva para cada uno y nuestro entorno.

 

Es neutral e imparcial

La Bioeducación es neutral e imparcial al:

●        No favorecer alguna: religión, raza, nación, clase social, clase política…

●        Al compartir y trasmitir la Bioeducación, sin discriminación, a todo individuo.

●        Al considerar al maestro alumno, inclusive.

●        Al considerar al alumno maestro, inclusive.

 

Considera a cada persona como un ser único.

La Bioeducación considera a cada persona como ser único al:

●        Reconocer y valorar  a cada individuo.

●        Al respetar y apoyar a cada individuo.

 

Parte de la visión holística y se desarrolla de manera integral.

La Bioeducación mira a las partes como pertenecientes a un todo, por lo tanto al educar:

●        Integra las partes en el campo de las ciencias.

●        Visualiza al ser como una persona integral.

●        Promueve la interacción entre individuos.

 

Se sustenta en la plasticidad cerebral.

La Bioeducación considera que el individuo puede desarrollar su mente de manera ilimitada, por lo tanto:

●        La educación plantea metas encumbradas.

●        La educación aboga por la constancia.

 

Es promotora de la alegría y la sonrisa.

La Bioeducación promueve la alegría y la sonrisa, a través de la cual:

●        Se retiene el aprendizaje.

●        Se anhela el aprendizaje.

●        Se divierte aprendiendo.

 

¿Qué es la Biopedagogía?

El paradigma tradicional se ha basado en la utilización del método científico, que se ha entendido como el seguimiento de un conjunto de recetas eficaces para la realización de un resultado previsto para la obtención del conocimiento y  del aprendizaje.

No obstante, hemos comprendido que la realidad no es tan simple, dada la enorme plenitud que nos rodea. Hemos logrado comprender que las ideas no son ciertamente reflejos de lo real, sino traducciones y construcciones que han tomado forma de mitología, de religiones, de ideologías y de teorías (todas como modos de trazar puentes sobre el abismo de la ignorancia) y como tales susceptibles de error. En donde el espíritu humano no refleja el mundo sino que lo traduce a través de todo un sistema neurocerebral, por medio de sus sentidos que captan un determinado número de estímulos que son transformados en mensajes y códigos a través de las redes nerviosas, siendo el espíritu-cerebro el que produce lo que se llaman representaciones, nociones e ideas por las que percibe y concibe el mundo exterior.

Todo lo cual nos ha llevado a plantear que en el trayecto del aprendizaje y obtención del conocimiento, el descubrimiento de la verdad no es inalterable sino frágil y que se requiere de una actitud escéptica capaz de poner en duda todas las verdades establecidas, no con el propósito de destruir, sino de reconocer que en la transmisión de la experiencia vivida, no hay verdades ni conocimientos absolutos, sino un largo camino en búsqueda de la verdad sin fin.

Como exponen Edgar Morín, Emilio Roger Ciurana y Raúl Domingo Motta, “las verdades son “biodegradables”; toda verdad depende de condiciones de formación o de existencia; si mueren todos los humanos, ya no habrá verdad; todo lo adquirido del patrimonio histórico desaparecerá; las verdades permanecerán virtuales como lo eran antes de la aparición de la humanidad” (Educar en la era planetaria).  Por ello este concepto tradicional de aprendizaje ha cedido a un nuevo método discursivo que traza un viaje, un desafío, una travesía, una estrategia que se ensaya para llegar a un final imaginado, insólito, imprevisto y errante. Es decir, un método como actividad pensante de un sujeto viviente, capaz de aprender, inventar y crear en y durante el caminar. Un método que no precede a la experiencia sino que emerge durante la experiencia.

El método no es sólo una estrategia del sujeto, es también una herramienta generadora de sus propias estrategias. Es método aquello que nos ayuda a conocer y es también conocimiento. El método tiene dos niveles que se articulan y retroalimentan: por un lado, facilita el desarrollo de estrategias para el conocimiento, por el otro lado lo facilita para la acción.

El arte es hoy indispensable para el descubrimiento científico y será cada vez más indispensable para la ciencia. El método/ camino/ ensayo/ estrategia contiene un conjunto de principios metodológicos que configuran una guía para un pensar complejo (Rizomas, 2007).

 

Principios y valores para un nuevo aprendizaje

Estos principios metodológicos son los siguientes:

 

●        Principio sistémico u organizacional: que permite relacionar el conocimiento de las partes con el conocimiento del todo y viceversa.

●        Principio hologramático: que dice que al igual que un holograma cada parte contiene prácticamente la totalidad de la información del objeto representado.

●        Principio de retroactividad: que significa que frente al principio lineal causa-efecto nos situamos hoy en otro nivel: no sólo la causa actúa sobre el efecto, sino que el efecto interactúa informacionalmente sobre la causa permitiendo la autonomía organizacional del sistema.

●        Principio de recursividad: que significa que un proceso recursivo es aquel cuyos productos son necesarios para la propia producción del proceso. Es una dinámica auto-productiva y auto-organizacional.

●        Principio de autonomía/dependencia: principio que introduce la idea de proceso auto-eco –organizacional para mantener su autonomía del ecosistema del que se nutre y al que transforma. Todo proceso biológico necesita de la energía y la información del entorno. No hay posibilidad de autonomía sin múltiples dependencias.

●        Principio dialógico: este principio ayuda a pensar en un mismo espacio mental, lógicas que se complementan y se excluyen. Es decir, como una asociación compleja, complementaria y concurrente de instancias necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado.

●        Principio de reintroducción del cognoscente en todo conocimiento: es decir es preciso devolver el protagonismo a aquel que había sido excluido por un objetivismo epistemológico ciego. Hay que reintroducir el papel del sujeto observador/computador/conceptuador/ estratega en todo el conocimiento. El sujeto no refleja la realidad, el sujeto construye la realidad.

 

De este modo, el método se vuelve central y vital cuando necesaria y activamente se reconoce la presencia de un sujeto que busca, conoce y piensa (Rizomas, 2007).

 

La Biopedagogía apoya la vida

Señalábamos en las conclusiones de nuestro rizoma pasado que: “Los procesos de aprendizaje deben apoyar nuestra capacidad interna de autoorganización y autoregeneración, de tal forma que el conocimiento no “se adquiere” desde afuera hacia adentro sino que se genera en nosotros como resultado de las experiencias obtenidas de nuestra interacción con otros seres”.

Bajo la premisa anterior debemos de reconceptualizar nuestra visión del ser humano, releyendo el trinomio de Assman sobre sujeto– conciencia-historia, para adquirir conciencia de que nuestra realidad y nuestra educación están impregnadas por ideas políticos pedagógicos que responden a un modelo impuesto del antiguo paradigma.

La autoorganización y la autoregeneración nos deben de llevar a entender que somos parte de un complejo sistema de redes donde la razón y la conciencia juegan un papel fundamental, no para nuestro mantenimiento dentro de la realidad que vivimos, sino para permitirnos construir nuevas realidades.

La tarea básica de la pedagogía es propiciar ecologías cognitivas para que las experiencias del aprendizaje acontezcan de tal modo que estén abiertas al máximo de interfases posibles con los más variados campos de sentido, es pues una oportunidad para “construir realidades abiertas basadas en la solidaridad”.

Hugo Assman recopiló en su obra Placer y Ternura en la Educación una metáfora que obtuvo del Internet que rezaba: “La educación negativista y desalentada practicó durante decenios un apartheid neuronal” (Rizomas, 2007).

Conversación y símbolos como un medio para aprender en la vida el aprendizaje de la vida.

Hemos planteado la necesidad de que tanto, personas como sociedades nos transformemos en la búsqueda de mejorar nuestra comprensión de la vida y de nuestro sentido en ella. Ya no queremos, ni podemos sostener una visión de mundo consumista, hedonista y egoísta.

Planteamos la necesidad de cambiar nuestra visión de la educación y el aprendizaje, de tal forma que estos nos permitan comprender la complejidad del mundo y de los procesos vitales.

Una forma de replantearnos el sentido del aprendizaje, es revisar la forma de vida de otros pueblos y culturas en el tiempo, no para ser iguales a ellos o volver a otras épocas, sino para aprender de la antigua sabiduría, que ha sido siempre la base para lo nuevo. Si entendemos que en realidad “no hay nada nuevo bajo el sol”, como en los fractales que nos plantean Briggs y Peat en las  siete leyes del caos, la vida es una repetición de órdenes y formas, sin embargo, ninguna forma es igual a otra y a cada momento es capaz de cambiar. Lo mismo sucede con las palabras y el lenguaje. Tenemos palabras que siempre repetimos, que se dicen y escriben igual, pero se organizan de diversas formas dando origen a distintas conversaciones, según sea su organización, el contexto, el tono en que se dice, entre otras.

“Las culturas primitivas se enfrentaban a la incertidumbre a través de diálogos rituales con los dioses y con las fuerzas invisibles de la naturaleza. La sociedad industrial occidental ha seguido otro camino. Soñamos con la posibilidad de eliminar la incertidumbre a través de la conquista y el control de la naturaleza. El ideal de “tener el control” esta tan presente en nuestra conducta que se ha convertido en una obsesión, e incluso en una adicción” (Briggs y Peat, Las 7 leyes del caos, p.10).

Adicción que no nos permite percibirnos como seres adictos, y por lo tanto nos inhibe de dar el paso para transformarnos. Por ello proponemos, al igual que Luis Racionero en su libro Oriente y Occidente, volver nuestros ojos hacia otras culturas, hacia otras formas de pensamiento que no son las occidentales modernas en las que vivimos inmersos. Esta mirada a otras culturas se convierte en un rizo de retroalimentación positiva, como dirían Briggs y Peat, que introduce dentro de nuestro sistema de pensamiento o diferentes maneras de percibir y comprender el mundo; abriendo la posibilidad de transformarnos, es decir, de cambiar creativamente, haciendo uso de los mejores recursos para lograr  la supervivencia de los principios vitales.

Tanto en China, en India, como en América, aún en tiempos modernos se da gran importancia al dialogo, a la conversación y a los símbolos, mitos y ritos, como método pedagógico. Dentro de estas dinámicas se intersecan las ideas y las emociones de los participantes, se interrelacionan las perspectivas mentales del mundo de estos, hasta alcanzar una renovación, una transformación: un aprendizaje a partir de los aportes de las personas y en ellos. Al respecto, Humberto Maturana emplea reiteradamente en su libro El sentido de lo humano (1996, p.42), el término lenguajear, con el cual sintetiza en él todos los actos comunicativos y simbólicos que se enlazan con el emocionar humano y su conexión permite que las personas aprendan en tanto las personas dan significado a su propia realidad.

Ojalá pudiera el mundo llegar a una conversación, un diálogo entre culturas, donde pudiéramos como humanidad retomar lo mejor de cada una para crear un equilibrio armónico y dinámico que incluya aquellos principios y valores que potencien la vida, en lugar de marchitarla. El equilibrio social dinámico sería aquel que integre los diversos pensares y actuares.

 

Conclusiones

Estamos seguros que la adopción de los valores y los principios del nuevo paradigma nos permitirá desarrollar una ética para el futuro que se base en valores de vida, solidaridad, cooperación y ayuda mutua.

Según Rafael Delgado Rodríguez en su obra Del Universo al ser humano: hacia una concepción planetaria para el siglo XX…“Los valores humanos son ideas rodeadas por fuertes campos de sentimientos y emociones que tienden a la prosecución de un fin que interesa a un individuo o a una colectividad”.

Luis Racionero propone que cambiar los valores es ir a la raíz cultural y plantar cimientos que producirán árboles distintos.

Se debe pasar de la competición a la solidaridad, cooperación y ayuda mutua.

Diego Castrillón es el coordinador de la Maestría en Psicología de la Universidad Católica de Colombia en Bogotá (Colombia), recibe una reflexión  de un  gran maestro,  el Decano de la Facultad de Psicología Carlos Vargas y la envía por correo electrónico al ciberespacio.

Hoy  16 de mayo de 2007, la recibo y la pongo a consideración de la Comunidad de la Cultura de la Vida y la Muerte Digna (La Bioética).

 

Una fábrica de monstruos competentes

 

“Estoy mamado de la educación del palo y del miedo. Para mí, la educación que carece de lo esencial, no es educación, sino un sistema de esclavos. Si la educación no sirve para ayudarnos a ser libres y personas felices, que se vaya al diablo”.

 

Con su aire de pataleta infantil, este muchacho tiene toda la razón. Y es evidente que algo no funciona en la educación cuando tanta gente reniega de ella.

Hay en mi vida algo que con dificultad olvidaré. En 1948, siendo yo un chiquillo, tuve la fortuna-desgracia de visitar el campo de concentración de Dachau. En ese momento si apenas se hablaba de esos campos que acababan de descubrirse, recién finalizada la guerra mundial. Ahora se ven en películas y en series de televisión. Pero en ese momento, un descubrimiento de esa categoría podía destrozar los nervios de un muchacho. Estuve varios días sin poder dormir. Pero más que lo visto, me impresionó sobremanera algo que leí, escrito por una maestra de escuela, antigua residente de uno de esos campos. Comentaba que las cámaras de gas habían sido construidas por ingenieros especialistas. Que las inyecciones letales las ponían médicos competentes. Que niños recién nacidos eran asfixiados por enfermeras tituladas. Que hombres y mujeres habían sido fusilados por personas con estudios, por profesionales. Y concluía la maestra: “desde que me di cuenta de esto, sospecho de la educación que estamos impartiendo”.

En efecto, hechos como los campos de concentración y otros muchos actos que siguen cometiéndose obligan a pensar que la educación no hace descender los grados de barbarie de la Humanidad. Que pueden existir monstruos educadísimos. Que un título no garantiza ni la felicidad de quien lo posee ni la bondad de sus actos. Que no es cierto que el aumento de nivel cultural garantice un mayor equilibrio social o un clima más pacífico en las comunidades. Que la cultura puede engendrar otro tipo de monstruosidad más refinada pero no, por ello, menos horrible.

¿Estoy con esto defendiendo la incultura, incitando a los muchachos a que dejen sus estudios y no pierdan tiempo en una carrera? ¡Dios me libre! Pero sí estoy diciéndoles que me asombra que en los años escolares se siga enseñando de todo a los muchachos, menos lo esencial: el arte de ser felices; la asignatura de amarse y respetarse los unos a los otros; la carrera de asumir el dolor y no tenerle miedo a la muerte y la milagrosa ciencia de lograr una vida llena de vida.

No tengo nada contra el lenguaje, la física o la historia. Pero qué maravilla que los profesores que trataron de meterme todo eso en la cabeza, para que a estas alturas de la vida ya se me haya olvidado el noventa y nueve por ciento, me hubiera, también, hablado de sus vidas, de sus esperanzas, de lo que a ellos les había ido enseñando el tiempo y el dolor. ¿Qué milagro si mis profesores hubieran abierto ante el niño que yo era, no solo sus libros, sino su corazón?

Me asombro hoy pensando que, salvo raras excepciones, nunca supe nada de mis profesores: ¿Quiénes eran? ¿Cómo eran? ¿Cuáles eran sus ilusiones, sus fracasos, sus esperanzas? Jamás abrieron sus almas, aquello “hubiera sido pérdida de tiempo”.

 

 Y así es como resulta que las cosas de verdad esenciales, uno tiene que irlas aprendiendo como robadas.

 

Yo ya sé que las cosas esenciales son imposibles de enseñar, porque han de aprenderse con las propias uñas, pero no hubiera sido malo que, al menos, no nos hubieran querido meter en la cabeza que lo esencial era lo que ellos nos enseñaban.

 

De nada sirve tener un título de cura, de docente, de ingeniero, de psicólogo, de terapeuta, de enfermero, de abogado o de médico si uno sigue siendo egoísta, si te quiebras ante el primer dolor, si eres esclavo del “qué dirán” o de la obsesión por el prestigio, si crees que se puede avanzar por el camino pisando a los demás.

 

Al final, siempre es lo mismo: al mundo le ha crecido, como un colgandejo, el progreso y la ciencia intelectual, pero sigue subdesarrollado en su rostro moral.

 

Y la clave puede estar en esa educación que olvida lo esencial y luego se asusta cuando los muchachos la mandan pal carajo (Vargas,  2007).

 

 

BIBLIOGRAFÍA

●        Capra, F (1982). El punto crucial. Argentina: Editorial Troquel S.A.

●        Fundación Bioser, Chile… www.bioser.org

●        García, G (2000). Prologo a Bioética – Manual Interactivo de Fabio Alberto Garzón Díaz. Bogotá.

●        Lovelock, J (1993). Las edades de Gaia. España: Tusquets Editores.

●        Pérez, J A (2002). La Bioética: por los caminos de la cultura de la vida. Medellín: revista El Ágora USB, Volumen 1, No. 2, p. 201-203… www.bioetica.co

●        RIZOMAS de conocimiento, conectando ideas y experiencias. Del Doctorado en Educación de la Universidad La Salle/Costa Rica (el grupo No.4 de la Tercera Generación) y para ello utilizamos este Wiki… www.chifladura.com

●        Wagensberg, J (2003). “Ideas sobre la complejidad del mundo”.

●        Tusquets Editores. Barcelona: Primera edición en Colección Matemas.

●        Vargas, C (2007). Una fábrica de monstruos competentes. Bogotá: Universidad Católica de Colombia, Facultad de Psicología, Decanatura.